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Algo huele mal en el Banco Central

El Central vendió dólares a $ 10,50 a pagar en marzo.. En Nueva York cotizan a $ 15. El negocio se pacta en dólares pero la diferencia de precio se paga en pesos al tipo de cambio futuro. La ganancia irá al bolsillo de otros. El juez Claudio Bonadío investiga si hay defraudación al Estado.

Buenos Aires, 15 de noviembre.(caraycecaonline) Puede parecer brutal decirlo de este modo, y quizás sea brutal. Si el juez Claudio Bonadio encuentra culpables de defraudación a la administración pública a Alejandro Vanoli y al directorio del Banco Central, o avanza al ritmo que va, habrá contribuido a sacarle de encima un peso enorme al próximo presidente. Mayor en el caso de Daniel Scioli que en el de Mauricio Macri.
Es que casi de punta a punta la cúpula de la principal institución financiera del país adhiere sin matices a las ideas de Axel Kicillof y, además, tiene vida asegurada legalmente por unos cuantos años.
Sintetizado, el delito que se les imputa consiste en vender dólares a futuro baratos, consintiendo un negocio muy costoso para el BCRA y muy rentable para quienes se los compran: bancos, empresas, exportadoras de cereales y seguramente amigos del poder o de adentro del poder.
Antes de ahora y a pedido de Cristina Kirchner, el candidato oficialista se apuró a asegurar la continuidad de Vanoli si triunfa. Según una interpretación de la Carta Orgánica del Central, el mandato de Vanoli vence en 2019, pero Scioli usará una diferente que le permite desplazarlo en octubre del año próximo y, entretanto, ubicará a su asesor Miguel Bein en un lugar gravitante.
Ya significa un problema serio que alguien no enteramente propio, sino heredado, presida un banco siempre decisivo en la instrumentación de la política económica y más decisivo todavía en los tiempos que vienen.
Y no solo pesa el caso de Vanoli. Scioli podría tener que tolerar durante cuatro años, en cargos clave, a dos directores duros puestos por Kicillof e identificados plenamente con Kicillof: ahí desaparece la interpretación dual de la Carta Orgánica. Macri planea otra cosa.
El dolor de cabeza tiene nombre y apellido: se trata de Germán Feldman y de Pedro Biscay, nada menos que quienes vigilan todos los movimientos de bancos y agencias de cambio, con facultades para abrirles sumarios, cosa que han hecho abundantemente, y hasta quitarles la autorización para seguir operando. Apoyados en ese poder de presión, también meten mano en el agitado mercado de divisas.
Hay otros tres directores, nombrados hace poco por Cristina Kirchner y nuevamente a pedido de Kicillof, cuyos mandatos vencen en 2021.
El conteo da que poco menos que la cúpula completa del Central tiene color K, por la K de Kicillof. Nada casual por cierto, sino rigurosamente calculado. Y tanto, que si no median renuncias, para removerla o remover a una parte haría falta el dictamen de una comisión bicameral del Congreso.
Por todo esto resulta crucial lo que Bonadio resuelva sobre la presunta defraudación al Estado a través de una bicicleta financiera bancada por un organismo de la Nación. Un procesamiento podría anticipar el fin de Vanoli y de varios directores, solo que llegar a ese punto podría consumir bastante tiempo: ¿o no tanto?
Falta saber, además, si la investigación no roza al propio ministro de Economía, partiendo de un dato instalado en el sistema financiero: que Kicillof y Vanoli manejan juntos el mercado del dólar futuro, aunque Vanoli culpe a Kicillof.
Dice mucho o no dice nada que Bonadio haya sido el juez que tuvo a su cargo la causa de la empresa Hotesur, propiedad de la familia Kirchner, hasta que fue apartado por el fallo de una Cámara donde prevaleció el voto de dos jueces considerados cercanos a la Casa Rosada.
Scioli ha tomado el compromiso ante Cristina Kirchner de mantener al jefe del BCRA y si sale elegido presidente eso es cosa juzgada. ¿Pero qué haría básicamente con Feldman y Biscay, dos funcionarios capaces de dar batalla con el escudo de la Presidenta?
Dentro de Cambiemos ya han definido su plan. Dicen: «Si Macri gana el balotaje por una diferencia más o menos apreciable, le vamos a pedir a Vanoli que renuncie de inmediato».
Cabe desde luego la posibilidad de que Vanoli se ampare en la Carta Orgánica. «En ese caso, iremos por una comisión bicameral que lo destituya», afirman.
En el mismo escenario entran, nuevamente, Feldman y Biscay y el riesgo de que no se allanen a las directivas de un nuevo jefe del Central. «Eso también lo vamos a ver», repiten muy cerca de Macri.
A un lado y al otro flamea la denuncia que los diputados Federico Pinedo, del PRO, y Mario Negri, de la UCR, presentaron ante el juzgado de Bonadio. Para empezar, ya armó un batifondo considerable.
Vale un ejemplo: el Central ha vendido dólares a $ 10,50 a pagar en marzo cuando en Nueva York cotizan a $ 15. El negocio se pacta en dólares aunque la diferencia entre un precio y el otro se paga en pesos al tipo de cambio futuro y si existe una devaluación, como probablemente la habrá, la entidad deberá hacerse cargo de la diferencia. La ganancia irá al bolsillo de otros.
Siempre a cuenta del Central, el único oferente serio del mercado, esta maniobra ya arrojaría una pérdida estimada en no menos $ 32.000 millones. Y la prueba del negocio es que desde mediados de julio el volumen transado ha crecido un impresionante 282%.
Hay más todavía. El BCRA vende siempre en los últimos cinco minutos de la rueda a un valor inferior a los que hubo antes; luego, los operadores venden arriba o transan entre ellos y al final le compran abajo. Previsible por lo reiterada, la movida suma sospechas a algo que huele sospechoso por todas partes.
Dice un ex abogado de la entidad: «Si esto no es administración fraudulenta, bien puede cuadrarle la figura de incumplimiento de los deberes de funcionario público. Y con más razón si nada fue aprobado formalmente en reunión de directorio».
Un costado adicional del escándalo, nada insignificante, puede asomar en una lista que el fiscal de Bonadio le ha pedido a Vanoli. Allí deberían ser identificados quiénes les compraron al BCRA y los montos de las operaciones, con un factor agregado: la perspectiva de que alguien diga que actuó por cuenta de terceros y que algunos de esos terceros estén próximos al poder o pertenezcan al poder.
Por fuera de esta trama oscura, salta más nítido el temor que el directivo de una multinacional norteamericana le planteó al jefe de una consultora especializada en negocios financieros. «Me preguntó por el transitional risk, o sea, por el riesgo de la transición, en caso de que gane Macri», cuenta el consultor.
Concretamente, preguntó por lo que puede pasar entre el lunes 23 y el 10 de diciembre. Y traducido al interés del directivo, que si aún en medio del ruido el dúo Kicillof-Vanoli continuará vendiendo dólares a futuro como si nada hubiese pasado; que maniobren con el tipo de cambio y el blue; que despilfarren reservas o que el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, amplíe las ventas de dólar ahorro a pedido de la Rosada.
Es posible que durante esos siete días Kicillof, Vanoli, la propia Cristina Kirchner sigan tomando decisiones, porque se sienten con derecho a tomarlas, así el nuevo presidente cargue con los costos. Ese es el transitional risk al que le teme el ejecutivo norteamericano y al que, conociendo el paño, podría temerle cualquiera.
Pasado el 10 de diciembre, gane Macri o gane Scioli, todo cuanto se haga irá inevitablemente a la cuenta del presidente. Y por enorme que sea la herencia, sería bueno que su equipo arme un plan consistente y acierte con las primeras decisiones.(www.caraycecaonline.com.ar)

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