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Éramos tan pobres

La gigantesca villa 31 en el corazón del barrio porteño de Recoleta

Ciertamente, el flagelo del crecimiento de la pobreza hasta la cifra que hoy nos aflige, no pudo haber pasado desapercibido para nadie, ni en la última década, ni antes, cuando ya se perfilaba como una amenaza para el desarrollo humano de nuestro país.(por jorge Avila)

Buenos Aires, 1 de octubre.(caraycecaonline) Tras casi diez años de distorsiones y discusiones absurdas sobre las cifras de la pobreza en nuestro país, el INdEC difundió esta semana el primer índice confiable sobre la cuestión. Realizado con técnicas estandarizadas internacionalmente, las cifras motivaron que progresistas, antropólogos, dirigentes políticos y sociales, sindicalistas y otras carmelitas descalzas, comenzaran a rasgarse las vestiduras, casi solicitando cilicios y látigos, ante la cruda realidad.

Ciertamente, el flagelo del crecimiento de la pobreza hasta la cifra que hoy nos aflige, no pudo haber pasado desapercibido para nadie, ni en la última década, ni antes, cuando ya se perfilaba como una amenaza para el desarrollo humano de nuestro país.

Las políticas de sistemático ocultamiento de la cuestión por parte del kirchnerismo, enervaron otras mediciones como las realizadas por el Observatorio de la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina, que dirige Agustín Salvia, quien denunció en diversas oportunidades amenazas y presiones para que se modificaran los guarismos. También las cifras de las oficinas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) daban cuenta de otra realidad ajena al relato de Cristina Kirchner que en junio del año pasado dijo en un discurso ante la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), que en la Argentina había 5 % de pobres y se desconocía el hambre o la desnutrición. Otras variantes para ignorar este desastre humanitario, fueron las esgrimidas por el ex «jóven maravilla» Axel Kicillof, quien opina que medir la pobreza es «estigmatizante», o el inefable Aníbal «La morsa» Fernández, que  nos comparó  con Alemania, que tiene 80 millones de habitantes, de los cuales solo tres son considerados bajo la línea de bienestar, que no es lo mismo que carecer de lo mínimo indispensable para sobrevivir, como aquí.

Pero dejemos el oscuro  cinísmo de la «década ganada» y enfoquemos la cuestión en los desafíos de la actualidad. El nuevo gobierno de Mauricio Macri llegó al poder en diciembre con los objetivos de pobreza cero, derrotar al narcotráfico y lograr la unidad nacional. Tras esta primera medición oficial, el presidente señaló que la meta no se podrá alcanzar en sólo cuatro años. No dijo que renuncia a ella. Ahora se presenta una nueva etapa donde las políticas para lograr mejorar los índices deberán conjugarse, desde lo social, lo económico y lo federal. Que un tercio de nuestra población sea pobre, es mucho más que un dato estadístico. Es la expresión de una decadencia moral cuya superación ha de requerir un esfuerzo extraordinario.

Se trata  de reconstruír los modelos de solidaridad, justa distribución de la riqueza y equidad social, para superar en todo el territorio nacional, la imagen atroz de los desamparados. No se trata sólo de una tarea del gobierno, ni de leyes o de la aplicación de las mismas. La pregunta es, ¿ seremos capaces de dejar el egocentrismo economicista que nos viene dominando desde hace largo tiempo ?. ¿ Podremos superar el «salvese quien pueda», tan enraizado en el ser nacional ?. La voluntad del pueblo nunca ha sido esquiva al accionar fraterno y solidario. Solo es necesaria una voluntad política firme y capaz de alinear los intereses sectoriales para superar disensos de coyuntura y así alcanzar el bienestar de todos. Y comprender que sin esas condiciones no habrá un futuro mejor.(www.caraycecaonline.com.ar)