Justicia

Las escuchas secretas del caso García Belsunce

El expediente abierto por la muerte de María Marta se grabaron conversaciones telefónicas que sugerían que las pruebas de ADN podrían haber sido manipuladas. La Justicia las anuló.

Buenos Aires, 25 de diciembre.(caraycecaonline) Apenas pasaban siete minutos de las siete de la tarde de aquel domingo, el 27 de octubre de 2002.

-Emergencias, buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar?

-Necesito una ambulancia urgente para una persona que se cayó en la bañadera. Se golpeó y está como ahogada –dijo Carlos Carrascosa.

-¿Dirección?

-Carmel Country Club, kilómetro 55.

-¿De la Panamericana?

-Sí.

-¿Kilómetro 55?

-Sí, del ramal Pilar.

-¿Alguna referencia?

-Eh… eh… es la entrada al este del Parque Industrial.

-Tranquilícese. ¿Nombre del paciente?

-Carrascosa, María Marta. O García Belsunce, María.

-¿Llama por OSDE?

-Sí-, confirmó. Y dio su número de teléfono.

La conversación quedó grabada. Fue la primera vez que alguien habló de un «accidente” y la prueba inicial de la acusación por “encubrimiento” contra Carlos Carrascosa. La prueba final, vinculada con esta misma charla, lo puso en la mira por el asesinato y tuvo que ver con las voces que -pericia mediante- se detectaron de fondo en la grabación:

-¿No la ves?-gritaba una mujer.

Mientras la operadora le pedía la dirección a Carrascosa, un hombre preguntaba atrás:

-¿Alguien va a llamar?

Carrascosa daba indicaciones a OSDE, mientras otra vez hablaba la mujer:

-¡Tenela!

Y enseguida, exaltada:

-¡Tocala y te vas a dar cuenta!

El viudo le daba su número de teléfono a la operadora y, a lo lejos, se volvía a oír al hombre, también gritando:

-¡Cerrá la puerta..! ¡Sí, está muerta!

Y, a continuación, a la mujer:

-Dale… vamos.

Carrascosa siempre sostuvo que en ese momento acababa de entrar a su casa la masajista Beatriz Michelini y que no había nadie más con ellos. Pero la Justicia le cuestionó que, en ese horario, esta mujer aún habría estado en la entrada del Carmel esperando autorización. Ante esto, el viudo sumó a su cuñado y vecino, Guillermo Bártoli, a la escena. Lo que nunca pudo explicar es el diálogo que se produjo seis minutos después, cuando volvió a llamar a OSDE para reclamar la ambulancia:

-¿Está respirando el paciente?

-Sí, sí-, respondió el viudo.

-¿Está consciente?

-Sí… eh…, no. Pero respira.

-¿Tiene pulso?

-Sí, poquito.

Todo esto, a pesar de que una voz de hombre ya había avisado: “Está muerta”. Y a que María Marta tenía 5 tiros en la cabeza.

Luego llegaría el médico que revisó a la víctima, metió tres dedos en los orificios que tenía en la cabeza y anunció que se trataba de un homicidio, que debían llamar a la Policía. Lo hicieron, sí, pero para pedirle que no fuera al country. A eso se sumaría después la bala -el “pituto”- arrojada al inodoro, la limpieza de la sangre del lugar, la gestión de un certificado de defunción trucho que evitó la autopsia, los esfuerzos para que ningún indiscreto se acercara al cuerpo -el viudo pasó la noche del 27 durmiendo a su lado- y el sepelio realizado como si hubiera sufrido un accidente.

Por todo esto, Carrascosa fue detenido por primera vez el 15 de mayo de 2003, aunque lo liberaron el 23. Entonces, la causa judicial entraba en una discusión clave, también condimentada por conversaciones telefónicas: la del ADN. El resultado de esa prueba, entre otras cosas, fue usado este martes por el Tribunal de Casación para absolver al viudo.

Lo que pocos recuerdan son las sospechas de manipulación que hubo .

En un levantamiento de rastros avalado por los peritos oficiales y los de la defensa, en la casa de María Marta se habían logrado aislar seis muestras de sangre que, entendían todos, tenían relación con el crimen. A pesar de que habían sido recogidas más de un mes y medio después del crimen, y de que no había forma de determinar su antigüedad, se las tomó por válidas. Un primer análisis estableció que correspondían a dos hombres y a una mujer. Así, el juez Diego Barroetaveña ordenó que se prestaran a una extracción sangre algunos de los imputados y sus íntimos: Carrascosa, Horacio García Belsunce (hermano de la víctima), Irene Hurtig (hermanastra), John Hurtig (hermanastro), Bártoli, Michelini y Sergio Binello (amigo del viudo), entre otros. Por pedido propio, el vecino Nicolás Pachelo -apuntado por la familia- también fue incluído.

Los abogados de los imputados anticiparon que se someterían a las extracciones. Pero pronto empezaron a dilatar todo con apelaciones. Decían que no tenían “garantías”.

Mientras esto se discutía, el 3 de junio de aquel 2003 el fiscal Diego Molina Pico le pidió al juez que allanara la Fundación Favaloro, cuyo centro de genética funcionaba como perito de parte de la familia. Su sospecha era que se intentaría manipular el resultado de los análisis, en base a una serie de escuchas telefónicas. La más sorprendente era la de una charla entre uno de los abogados defensores y Sergio Binello (hoy condenado por el encubrimiento del crimen):

-Che, acabo de hablar con el doctor R. (da el nombre de un especialista de la Fundación).

-Sí-, respondió Binello.

-Bueno, me dejó un celular para que te comuniques con él, si estamos de acuerdo. Él me dice que tiene un presupuesto de siete mil pesos. Bueno, quería saber si vos lo aprobabas para que trabajara con vos o no. Bueno, yo le dije que en principio sí, no había problema, y él me está contando esta situación: él ya le hizo los análisis a todos los conocidos con el objeto de él ir manejando la información que tiene de las muestras obtenidas en ese cuarto para que no se parezcan a “esas”, no sé si me explico…

-Sí.

-En ese contexto me dice que es mejor también conocer la tuya, para no permitir que haya “confusiones”, no sé si soy claro…

-Yo hay algo que no entiendo: vos me dijiste que las muestras, con todo este quilombo, no nos las vamos a hacer…

Al día siguiente, el juez rechazó el pedido de allanar la Favaloro y declaró nulas las escuchas telefónicas ya que, según su punto de vista, deberían haberse suspendido al mismo tiempo que Carrascosa salía en libertad, el 23 de mayo. En la misma resolución concedió un pedido de la defensa para que se la informara de los códigos genéticos de los rastros de la casa antes de realizar la extracción de sangre a los sospechados, algo que le permitiría hacer su propia pericia y conocer de antemano los resultados. También decidió que la prueba se ampliara a otros 73 manchas halladas en la casa, recogidas a pedido de los imputados en marzo, y que se esperara a saber los códigos de éstas. En la práctica, una demora de meses.

La resistencia a hacerse al ADN continuó. En diciembre de 2003, Michelini y Pachelo se sometieron a los análisis por propia voluntad y les dieron negativo. La familia recién aceptaría realizarlos entre diciembre de 2006 y principios de 2007 -tres años y medio después de ordenadas las pruebas- y el resultado para todos también fue negativo.

La Justicia escuchó cómo ocurrieron las cosas. Pero prefirió no ver.(www.caraycecaonline.com.ar)