Editoriales Panorama político

La grieta sindical

Los triunviros Acuña, Schmidt y Daer

El camino hacia la recuperación del país supone cambios sustanciales en diferentes aspectos y particularmente, la renovación de las dirigencias del movimiento gremial. (Por Jorge Augusto Avila)

Buenos Aires, 8 de abril.(caraycecaonline) La tensión social que generó el paro  convocado por las centrales gremiales contra la política económica, reflejó la grieta entre dirigentes anacrónicos y  las expectativas insatisfechas de una sociedad que transita un cambio de paradigmas, donde se incluye la representatividad de los trabajadores organizados. El primer paro general de las centrales sindicales unificadas, en tal sentido, tuvo menor incidencia que los realizados contra el anterior gobierno, aunque resultó mas violento y gravoso.

Las huelgas generales, y mucho menos la prepotencia y las actitudes intimidatorias, son el camino menos adecuado para expresar en democracia demandas sobre rectificaciones en las pol¡ticas de gobierno, por legítimas que resulten. El paro con los diversos piquetes y cortes de calles registrados, son un retroceso en nuestra vida institucional. Si bien poco ayuda la actitud del Gobierno ante las serias implicancias de la medida. Distintos funcionarios se preocuparon por calificarla como un «acto de extorsión» y puede que no les falte  razón. No obstante, esos mismos hombres del oficialismo deber¡an recordar que, desde el comienzo de la restauración democrática, las sucesivas administraciones nacionales han afrontado sin éxito, un camino de enfrentamientos que fue sumando la perversa metodología de los piquetes, degradando los niveles de diálogo sectorial para lograr consensos efectivos. Un trabajo de investigación realizado por el Centro de Estudios Nueva Mayoría consigna que desde el restablecimiento de la democracia el sindicalismo ha realizado 37 paros generales, incluyendo el del jueves pasado. De acuerdo al estudio, un promedio de uno cada diez meses. La evolución anual muestra que el año en que tuvieron lugar más paros generales fue 2001 con 5, mientras que en 1989-1991, 1993, 1998-1999 y 2003-2006 y 2008-2012 fueron los per¡odos donde las centrales sindicales no convocaron ninguna medida de fuerza a nivel nacional. Esta claro que la huelga general dista de ser el mecanismo apropiado en una democracia, pero obliga a los gobiernos a escuchar las demandas, y realizar autocrítica. El daño que una seguidilla de huelgas puede causar al país, en el supuesto caso de que se profundice el enfrentamiento, no es  menor que el derivado de los conocidos «errores de gestión». Si bien hay una diferencia entre ambas cuestiones. Mientras las equivocaciones de un gobierno pueden tener remedio en las urnas, el recrudecimiento de la violencia puede generar perjuicios irreparables. Sería deseable que los dirigentes de las organizaciones gremiales y políticas que activaron la última protesta pensaran en la conveniencia de buscar otros métodos, quizá  más afines a la movilización tan pacífica como multitudinaria del 1º de abril. La resistencia ciudadana a convocatorias vacías, pudo reflejarse en un acatamiento dispar pese a la falta de transportes, y en el repudio generalizado a la coerción en todas sus formas.

 El cese de actividades convocado por las centrales gremiales contra la política económica, refleja las tensiones entre dirigentes anacrónicos y expectativas insatisfechas.  Y al ya complicado escenario de la Argentina de estos d¡as, lo agravaron algunos de los conocidos integrantes de una dirigencia gremial eternizada en el poder. El empresario taxista,  Omar Viviani, actualmente devenido en líder de un segmento de gremios vinculados al Frente Renovador, y las provocaciones de los triunviros de la conducción cegetista y de la unificada central kirchnerista, han contribuido a aumentar la crispación social. Aunque fuese lógico esperar que la apaciguaran dadas las responsabilidades de ellos  en la vida política nacional. El multifacético secretario general de los taxistas, invitó a su sector a manifestar con violencia contra  aquellos que salieran a  trabajar. Esas desafortunadas propuestas no constituyen una novedad en boca del gremialista rodante quien cuenta en su haber con varias situaciones previas similares. Con sus últimos dichos, y pese a retractaciones tardías, ha incitado a la población a cometer el delito de agresión y realizó un velado llamado a hacer justicia por mano propia contra las personas que no comparten el criterio de  una parte de su gremio. Estas manifestaciones deberían no sólo ser objeto de estudio por parte del Ministerio Público para determinar si corresponde o no alguna sanción penal. Pero tambiénlas posibles sanciones que se adopten deben motivar a los restantes representantes gremiales a pronunciarse enérgicamente contra ese tipo de incitaciones a la violencia. En cuanto a los triunviros cegetistas, tampoco resultan novedosos los exabruptos verbales ni la completa falta de propuestas para resolver los problemas de los trabajadores, sus representados. La convocatoria a un nuevo paro de actividades es una clara y anacrónica demostración de un tipo de acción que perjudica de manera directa los intereses de los asalariados. . El camino hacia la recuperación del país supone cambios sustanciales en diferentes aspectos y particularmente, la renovación de las dirigencias del movimiento gremial. Si había alguna duda al respecto, los sindicalistas se han encargado  de despejarla al para en defensa propia y en contra de los intereses de un pueblo que, más allá de las internas gremiales, exige nuevos modelos de representación, más democráticos y donde no haya conducciones de millonarios a expensas de una población diezmada por las claudicaciones y la turbia defensa de intereses facciosos.(www.caraycecaonline.com.ar)