Editoriales Panorama Políico

Receta electoral

Escena de comicio

La inefable Cristina Kirchner y sus devaluados adláteres, apelan al cinismo y la hipocresía  para fingir ser supuestos damnificados  del gobierno, como el tambero de Lincoln que resultó ser un ex intendente acusado de fraude en el ejercicio de su gestión.
( por Jorge Avila)

Buenos Aires, 23 de julio.(cararycecaonline) Pueden existir muchas fórmulas infalibles para  las campañas electorales. Algunas ya las vemos para las primarias del 13 de agosto. La inefable Cristina Kirchner y sus devaluados adláteres, apelan al cinismo y la hipocresía  para fingir ser supuestos damnificados  del gobierno, como el tambero de Lincoln que resultó ser un ex intendente acusado de fraude en el ejercicio de la gestión. Otros apelan al miedo, auguran ajustes y represión como los massistas  y el trotskismo, unidos en la estrategia del caos. También puede apreciarse la indiferencia a las encuestas, que a pesar de cierta declinación en el último tiempo, no deberían ser ignoradas dado el cambiante humor social. Pero la oportunidad es propicia para recordar valores inherentes a la voluntad política de nuestra sociedad

La voluntad de cambio expresada por la ciudadanía en las últimas elecciones se ve frustrada por la falta de madurez política donde las consignas remplazan a los valores.

 Con el triunfo de la coalición gobernante en las elecciones presidenciales, quienes no comulgan con el populismo en todas sus variantes alentaron la esperanza de ver plasmado en hecho la voluntad  mayorítaria expresada en las urnas. Sin embargo, la realidad se ha encargado por el momento de frustrar en cierta medida, esas esperanzas. Se creyó, primero, que la pérdida de la primacía kirchnerista en el Congreso se traduciría en la fluida aprobación de leyes que comenzarían a recortar arbitrarias potestades de las que se hizo abuso sobre las asignaciones del presupuesto nacional. Pero apareció entonces una llamada “zona gris” en el Senado que integran unos pocos senadores que, pese a ser opositores, votan o regulan el quóum en función de las necesidades de partidarias. En paralelo, cierta lógica indicaba que distintas agrupaciones opositoras , a partir de un núcleo de coincidencias, procurarían acuerdos con vistas al trabajo legislativo pero también a las elecciones legislativas que se realizarán en octubre próximo. Sin embargo, también en este terreno parte de la oposición, mostró no estar a la altura de las circunstancias. Por un lado,  los principales bloques sufrieron  distanciamientos internos a poco de producido su cambio electoral. También la coalición gobernante evidencia desajustes y equívocos, quizá por falta de una cultura política acorde a este modelo de gestión. Pero al margen del rumbo que puedan tomar los partidos opositores ,  hasta el momento, su fracaso consiste en no haber trabajado con profundidad y solidez  los consensos sobre las políticas que deberían haber conformado una suerte de plataforma común. En consecuencia, lo que debió haber sido una debate de ideas o proyectos se rebajó a una discusión de personas o personalidades. La voluntad de cambio expresada por la ciudadanía en las urnas en 2015 se ve entonces frustrada. La división de la oposición es funcional al oficialismo,  pero no implica beneficios para el conjunto de la sociedad. Solo  pone de manifiesto, nuevamente, falta de madurez política de todos los sectores. No es tarde para revertir esta situación.  Es hora de recordar la deuda con los votantes primero.  Y luego dirimir diferencias internas en el plano de las ideas, en lugar de exhibir vacíos de contenido ideológico.(www.caraycecaonline.com.ar)