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Código de Honor

Homenaje de familiares

Al deterioro material de las Fuerzas Armadas argentinas debe sumarse la falta de organización y de acción militar conjunta, que deriva en que cada fuerza actúa frecuentemente con una llamativa independencia de lo que hacen las restantes y de una ostensible desorientación estratégica. Estos hechos que hablan por sí solos constituyen un marco histórico que ayuda a entender, aunque no a aceptar, el doloroso accidente del San Juan
(Por Jorge Augusto Avila)

Buenos Aires, 2 de diciembre.(caraycecaonline) La tragedia del submarino ARA San Juan, debe ser investigada de modo exhaustivo, tanto en el  ámbito militar como civil respetando el código de honor tácito hacia los 44 desaparecidos.
El reconocimiento de la Armada Argentina sobre la suspensión de la búsqueda de sobrevivientes en la tragedia del submarino `ARA San Juan’, deja paso a una profunda congoja social por la desaparición de los marinos, y abre la instancia de profundizar las investigaciones que motivaron tal siniestro. El ministro de Defensa de la Nación, Oscar Aguad, aceptó suprimir la condición de secreto de Estado sobre la investigación acerca del suceso que mantuvo en vilo al país durante dos semanas, accediendo a una solicitud de la jueza federal de Caleta Olivia que interviene en las actuaciones civiles, pero más allá de esto se deben implementar los mecanismos internos de las Fuerzas Armadas en la materia para llegar al esclarecimiento de los hechos. Asimismo, es preciso que tanto el titular de la cartera como los comandantes de la Armada, sean convocados al Congreso de la Nación para dar las explicaciones del caso. Más de una vez se ha sostenido la necesidad de que las Fuerzas Armadas, una institución clave para el Estado argentino, tengan por parte del gobierno y la sociedad una mayor atención, como sucede en los países desarrollados y también en nuestra región. Lo más importante para ello es determinar un horizonte de largo plazo para el desarrollo de estas instituciones en las cuales el personal es una variable central. El sistema militar argentino se encuentra en una encrucijada, que exige por parte del gobierno nacional decisiones concretas, pensando en el largo plazo, los objetivos y necesidades del país, y asumir que la reforma y modernización requerir  inversiones, no sólo ajustes y una nueva conducción para emprender esta tarea. Pero previamente, es misión del Estado Mayor de la Armada y de los tribunales “ad hoc” esclarecer las circunstancias que llevaron a 44 marinos a ofrendar sus vidas en el Atlántico Sur, un escenario que para muchos argentinos permanece ignoto, sin valorar su potencial estratégico y productivo. La seguridad es sistémica, y por lo tanto depende en igual medida de la inteligencia colectiva, la capacidad tecnológica, el desarrollo de la economía, la estabilidad política, la integración social y la equidad, además del poder militar. Para lograr tales equilibrios el Estado debe ser eficiente, selectivo y austero, y adecuar y modernizar sus estructuras, sobre todo aquellas en que las instituciones de la defensa nacional son parte esencial.

Más allá de que hayan existido deficiencias y fallas en las Fuerzas Armadas, la cuestión de un sistemático castigo presupuestario debe interpretarse principalmente por razones políticas e ideológicas. Desde el retorno a la democracia, en 1983, no hubo renovación del equipamiento militar. Los pocos equipos o armamentos que se incorporaron en los primeros años de la presidencia de Raúl Alfonsín, entre ellos el submarino San Juan, lo fueron en cumplimiento de contratos anteriores. Gran parte de los barcos, aviones y equipos que habían superado la Guerra de Malvinas, fueron deteriorándose y se radiaron o desguazaron gradualmente. La provisión de repuestos, combustibles y municiones fue absolutamente insuficiente, al extremo de impedir el adiestramiento adecuado del personal.

La compra de los submarinos construidos en el astillero Howaldtswecke a la firma Thyssen de Alemania, fue acordada en el año 1969. Contemplaba  la construcción de un nuevo astillero local, luego denominado Domecq García, para continuar la fabricación en la Argentina y realizar el mantenimiento. Se complementaba con el sistema de izado de buques instalado en Tandanor. A principios de los años noventa, en el marco de la reducción del gasto en defensa, cuando estaba en construcción el primer submarino, el astillero Domecq García fue parcialmente desmantelado. Por esa razón, la reparación y el reciclado del submarino Salta y, luego, del San Juan se realizaron sin disponer de aquel equipamiento especializado. El San Luis, primero de la serie alemana, que combatió en las Malvinas, está hoy abandonado. Circunstancias similares corresponde a las fragatas misilísticas construidas en los años setenta y alistadas en el astillero Río Santiago. La fragata Santísima Trinidad fue hundida durante su construcción mediante una bomba colocada por montoneros. Reflotada luego y puesta en operaciones, finalmente, se hundió estando en desuso, amarrada en Puerto Belgrano.

Al deterioro material de las Fuerzas Armadas argentinas debe sumarse la falta de organización y de acción militar conjunta, que deriva en que cada fuerza actúa frecuentemente con una llamativa independencia de lo que hacen las restantes y de una ostensible desorientación estratégica. Estos hechos que hablan por sí solos constituyen un marco histórico que ayuda a entender, aunque no a aceptar, el doloroso accidente del San Juan. Es probable que el análisis de la tragedia revele equivocaciones y diferentes responsabilidades. Habrá tiempo para una investigación que debería ser implacable y lo más transparente posible. Llegado el momento, será necesario precisar en la medida que se pueda los detalles de lo acontecido y, finalmente, replantear en profundidad la política de defensa. En estas horas, es el deber de todos homenajear a los 44 héroes que tripulaban el submarino ARA San Juan y acompañar a sus familias. Respetar el código de honor, que no alcanza sólo a quienes abrazan la vida militar, sino a toda la sociedad tributaria de sus esfuerzos, recordando a figuras como los generales Enrique Mosconi, pionero de la explotación petrolera,  Manuel Savio, promotor de la siderurgia e industria pesada en el país y Jorge Leal, quien comandó la primera expedición argentina al Polo sur y sentó las bases de nuestra soberanía antártica.(www.caraycecaonline.com.ar)