Editoriales Panorama Político

Azúcar, pimienta y sal

Los procesados K y el golpismo callejero

La fórmula propuesta queda siempre por encima de la inflación, y por debajo de lo que sería el ajuste actual. Justamente la brecha entre la línea anaranjada y la azul en cada mes es el ahorro que haría el gobierno en cada mes, multiplicado por las millones de prestaciones que se pagan. Este ahorro alcanzaría los 60.000 millones de pesos a lo largo de todo el 2018, ayudando a cumplir con la meta fiscal y sin perjudicar el poder adquisitivo de los jubilados respecto a la inflación.(Por Jorge Augusto Avila)

Buenos Aires, 16 de diciembre.(caraycecaonline) Llegaron los nuevos legisladores al Congreso, y comenzó la milonga tradicional de todos los diciembres, esta vez encabezada por la resbaladiza Cristina Kirchner, familia, amigos y otros procesados. Para quienes aún lo desconocen, los efectos del gas pimienta, que abundantemente usaron el jueves pasado tanto los gendarmes como los activistas kirchneristas, mapuchistas y confundidos varios, es provocar inflamación no letal de todas las membranas mucosas de los ojos, la nariz, la boca y los pulmones. Cierra los ojos de golpe por el ardor intenso y por lo tanto produce ceguera temporal. Los efectos pueden durar de 30 minutos a 2 horas. El antídoto para el gas pimienta es la leche. La buena leche. Algo escaso en la zona de nuestro honorable parlamento, por lo visto.

Curiosamente, son efectos similares a los que han provocado los K, renovadores arrepentidos, troscos de cafe con leche y otra amplia variedad de subespecies del reino político local. Ahora han descubierto que el sistema previsional no da mas, cosa que antes parece que no vieron, e irritan las sensibles membranas de la democracia.

En septiembre del año 2008, el Congreso de la Nación votó la “Ley de Movilidad Previsional”, que establecía dos aumentos anuales en los haberes jubilatorios y a todas las prestaciones sociales (AUH, asignaciones familiares, pensiones no contributivas, etc.) de acuerdo a una fórmula, que es la que hoy se pretende cambiar y está generando tanta polémica.

Desde marzo del 2009 todas estas prestaciones se ajustan en marzo y septiembre de cada año, teniendo en cuenta la evolución de la recaudación tributaria que se destina al ANSES y la evolución de los salarios de los trabajadores privados estables (RIPTE). Esta fórmula es una rareza a nivel internacional. La gran mayoría de los países utiliza fórmulas automáticas que ajustan las prestaciones teniendo en cuenta la evolución de los precios (inflación) y/o la evolución de los salarios.

Sin embargo, al no contar con un índice de inflación al momento de diseñar esa ley (el INDEC ya estaba intervenido), el gobierno kirchnerista no tenía la posibilidad de ajustar de manera medianamente justa a las prestaciones para que mantengan su poder de compra. Es por eso que se diseñó una fórmula extraña, volátil y esencialmente insostenible en el largo plazo.

Extraña en el sentido de que es poco clara para los beneficiarios, debido a que la evolución de determinados impuestos que se destinan a ANSES no es un dato accesible para la  mayoría de los beneficiarios. Volátil porque cuando hay caídas en la recaudación (por modificaciones fiscales o por caídas del producto) el efecto se traslada hacia los jubilados y esencialmente insostenible porque el gradualismo para lograr el equilibrio fiscal requiere, por definición, que los ingresos fiscales crezcan por encima de los gastos. Esta fórmula imposibilita eso generando que cada peso extra que el fisco logra recaudar deba ser volcado al pago de jubilaciones y otras prestaciones sociales.

En la última década ingrearon 3,6 millones más de jubilados, gracias a  dos grandes moratorias previsionales y la prestación universal desde el año pasado. Así, para sostener el sistema solidario de jubilaciones solo con aportes y contribuciones se necesita una relación de 1,72 activos aportantes por cada pasivo. Con 8,6 millones de pasivos, el sistema necesitaría de 14,6 millones de asalariados registrados que aporten el 22% de su salario (entre aportes y contribuciones) cuando solo se cuenta con poco más de 9 millones equivalentes a esta tasa de aporte. Eso implica que el sistema previsional necesite cada vez más una mayor proporción de otros impuestos (ganancias, IVA, combustibles, etc.) para financiarse.

La modificación de la fórmula propuesta por el gobierno consiste en cambiar los elementos que hacen al cálculo. El 70% del ajuste será de acuerdo a la variación de los precios y el 30% de acuerdo a la variación del RIPTE. Además, los ajustes pasarán a ser cuatro al año: en marzo, junio, septiembre y diciembre. Esta fórmula, en un contexto de desinflación como el que está experimentando Argentina, permite aumentar el poder adquisitivo de los jubilados, pero a un ritmo menor que la formula anterior. De este modo se lograría, no perjudicar a los jubilados al mismo tiempo que se avanza sobre la sostenibilidad del sistema.

Como se observa, la fórmula propuesta queda siempre por encima de la inflación, y por debajo de lo que sería el ajuste actual. Justamente la brecha entre la línea anaranjada y la azul en cada mes es el ahorro que haría el gobierno en cada mes, multiplicado por las millones de prestaciones que se pagan. Este ahorro alcanzaría los 60.000 millones de pesos a lo largo de todo el 2018, ayudando a cumplir con la meta fiscal y sin perjudicar el poder adquisitivo de los jubilados respecto a la inflación.

El mayor punto de conflicto,  y más allá del cambio en la fórmula, proviene del empalme, es decir, del modo de cambiar una fórmula por otra. Algunos legisladores no quieren votar la modificación si no se aplica en el mes de marzo una actualización semestral y solo a partir de septiembre una actualización trimestral.  Sin embargo, el anuncio del bono de compensación, y el consenso para evitar nuevos brotes de violencia callejera, además de las necesidades de caja para los gobiernos provinciales, permiten anticipar que en la sesión del lunes, habra aprobación, vermouth con papas fritas y “good show”, como decía el gran Tato Bores y suele repetir la inefable Lilita Carrió, agrandada últimamente por algunos periodistas del oficialismo vergonzante.

Los lectores preguntarán: ¿ y por esto tanto lío ?.

La respuesta es un conjunto de factores, a saber: a) la señora Pastor ex de Bonafini había anticipado gran quilombo, si su socia ex presidente iba a hacerles compañía a Lázaro, De Vido, Zannini, Jaime, Boudou y otros. No les interesa la gente, ni la democracia ni el debate. El asunto es no caer en cana y para eso, mandan al frente a todos los ignaros desplumados que aparecieron cuando se trató un tema como el previsional, que no quedaba muy claro para el ciudadano de a pie. b) como hemos dicho otras veces en CARA & CECA, la comunicación oficial sigue siendo el talón de Aquiles del gobierno. Durán Barba y Marcos Peña, andan bien en campaña y con tecnología, pero falta calle para remontar prejuicios y confusiones. Lo mismo pasa con la tragedia del submarino ARA San Juan, y las muertes de Maldonado y Nahuel. Un poco más de reflejos hubieran evitado fragores estériles.

Asi las cosas, a digerir el trago amargo, y a ver si aparece el jefe para poner un poco de orden de verdad y sin carros hidrantes. La gente, votó dos veces por las reformas. No hay que darle mas pasto a las gatas hambrientas, cuyo destino final será una celda.(www.caraycecaonline.com.ar)