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Tiempos Nuevos

Pedido de paz en el Aconcagua

Con el fin de no automatizar reacciones o anestesiarnos con la costumbre, este fin de año es buen momento para reflexionar, para sacudirnos la indiferencia y replantear prioridades que nos permitan detener tan temible avalancha de violencia. (Por Jorge Augusto Avila)

Buenos Aires, 30 diciembre.(caraycecaonline) Ùltimo round de un año agitado. Todo el mundo quiere hacer balances, proyecciones, plan de fuga. Vayamos por partes. En primer término conviene mirar un hacia atrás y ver como se inició este 2017, electoral y complejo, pero con varios episodios que merecen una revisión. El gobierno, entoncesaño estrenó equipo  económico  y culmina el año con los nuevos ministros y anuncios de  cambio de metas. El gradualismo de Alfonso Prat Gay dió paso a una renovada estructura ministerial, que hizo equilibrio durante todo el año entre contener la inflación y financiar gastos además de la producción. Luego de lograr la aprobación del  Presupuesto, las reformas tributaria y previsional, se redobla la apuesta.

En  conferencia de prensa  el Jefe de Gabinete, los Ministros de Hacienda y Finanzas y el presidente del Banco Central, el jueves anunciaron  una revisión de las proyecciones para los próximos años. El 10 % (con un desvío de 2 %)  la meta para diciembre de 2018, pasó a ser del 15%, y el 5% de diciembre de 2019 se convirtió en el 10%. De esta forma, la ansiada tasa de un solo dígito del 5 % se alcanzaría en diciembre del año 2020. Pero atención, miremos de donde venimos. En 2015 ni siquiera había conferencia de prensa, los datos estaban filtrados por estadísticas truchas y el plan económico era seguir emitiendo para la “Reina Cretina”. En dos años, hubo una baja inflacionaria importante y hay un horizonte de razonabilidad. Claro que habrá que seguir la evolución de los factores políticos, visto los sucesos parlamentarios que sacudieron este diciembre. Pero lo económico forma parte de un escenario distinto e inédito para el país que ratificó en las urnas su voluntad de crecer. Y el gran cambio del año fue precisamente en las conductas que se vinculan al poder. Después de José López revoleando los bolsos con millones de dólares, empezaron a desfilar rumbo Ezeiza y Marcos Paz, los “pesos pesados”. Entre ellos, Amado Boudou, Julio De Vido, y esquivando por ahora, están en la fila Héctor Timerman y Cristina Kirchner.

Los actores de este drama que nos consumió mas de una década alegan persecuciones judiciales y operaciones del gobierno. No es asi. Es preciso interpretar bien el espíritu de las normas constitucionales, para establecer la necesaria vigencia de la moral en el orden público.
La doctrina y la jurisprudencia se han detenido a menudo en el derecho a la intimidad del artículo 19º de la Constitución Nacional, que coloca a “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan la moral y el orden público” como “reservadas a Dios y exentas del juicio de los magistrados”. Pero lo han hecho, especialmente hoy en día, más que nada para marcar un  ámbito en que el hombre tiene derecho a la protección de su autonomía, ante ciertas decisiones de su vida. Moral y orden público, a su vez, han sido incluidos, con la seguridad y la salud, entre las materias propias del poder de policía en sentido estricto, entendido éste como limite a los derechos individuales, que el artículo 14º aclara que no son absolutos.
Es la misma Constitución la que brinda las mejores pautas para comprender el concepto de moral pública. Comenzando por la forma republicana de gobierno, que supone austeridad, dignidad, delicadeza en el manejo de la  razón de Estado. El mal ejemplo de los que mandan tiene un efecto deletéreo sobre las costumbres sociales. La pérdida de valor de la palabra empeñada, la falta de transparencia en el manejo del dinero, la ostentación y la frivolidad recompensadas, son algunos ejemplos. La educación, la cultura del trabajo, la promoción de la familia, la responsabilidad de preservar la salud y el medio ambiente, son valores exaltados por el texto constitucional. La moral pública integra, pues, el bien común o, en los términos del Preámbulo, el bienestar general, entendido según  fallo de la Corte Suprema de Justicia, como “conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible tanto a la comunidad como a cada uno de sus miembros el logro de su propio progreso”.  El tema conduce nuevamente a la distinción, necesaria pero no siempre fácil, entre conductas públicas y privadas. La moral, como parámetro de limitación de los derechos aparece en los tratados que, a partir de 1994, tienen jerarqu¡a constitucional. Su preservación y adecuada interpretación debe ser no sólo meta del Estado, sino de la sociedad en su conjunto ante cada disyuntiva que implique amenaza al sistema democrático.

Asistimos, muchas veces con mansedumbre, a  múltiples formas de violencia. El ambiente de crispación nos enfrenta a alteraciones  en la calle, en las aulas, las oficinas, los medios. Los piquetes que obstruyen el tránsito , el punguista que atraca en el transporte público, el accionar de los barrabravas multipropósito son sólo algunos ejemplos de aquello que despierta en los ciudadanos una violencia muchas veces incontenible . A ello se suman los tristemente crecientes episodios recientes, la destrucción de la Plaza de los Dos Congresos en el marco de enfrentamientos facciosos. Todos somos protagonistas de este nefasto fenómeno, en mayor o menor medida.  Con el fin de no automatizar reacciones o anestesiarnos con la costumbre, este fin de año es buen momento para reflexionar, para sacudirnos la indiferencia y replantear prioridades que nos permitan detener tan temible avalancha. De otra manera, nuestro genuino deseo de ser respetados en nuestra individualidad para poder vivir en paz, ejerciendo libremente nuestro derecho a protegernos de tanta violencia malsana y alejándonos de contribuir a promoverla, corre serio riesgo de quedar sepultado. Es el momento de elevar el espíritu y brindar juntos por un 2018 en que la paz deje de ser un mero deseo para convertirse en una construcción colectiva que se geste en el corazón de cada argentino, dejando de lado las ambiciones personalistas, para comprender que sólo el bien común nos permitirá  alcanzar una convivencia fructífera. Se inician tiempos nuevos, para vivir mejor.  Una nueva oportunidad que debemos aprovechar.(www.caraycecaonline.com.ar)