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Ellos usan esmoquin

Sindicalistas Balcedo, Pablo Moyano, Caballo Suárez, Medina,Pedraza

Hay que volver al overol con reglas claras, donde la dignidad del trabajo no sea moneda de cambio entre tahúres que juegan sus cartas en la burocracia de un Estado cómplice. (por Jorge Augusto Avila)

Buenos Aires, 6 de enero.(caraycecaonline) La caída del sindicalista platense Marcelo Balcedo, siguiendo el derrotero reciente de otros caciques sindicales, queda refirmada  la necesidad de revisar la vigencia de un esquema gremial con mejores condiciones para la ampliación y defensa del mercado laboral, en nuevas formas de organización y representación.
En nuestro país, los sindicatos han preservado poder gracias a un modelo sindical vigente desde hace más de setenta años. El mismo, remite en su unicidad, a desarrollar  sindicatos de mercado, gestionarios de la convención colectiva y servicios, que adscriben a un reformismo social atenuado. Presionan, negocian y gestionan. No es poco en el escenario sindical mundial. Además, reconocen una similitud exitosa, aunque parcial, con el grupo “Gantes” (Finlandia,Suecia y Dinamarca), administradores de un servicio esencial: el seguro de desempleo y la salud. Para los empresarios, ese “rígido modelo” debe ser desterrado, porque implica una rémora ante el nuevo contexto económico. Pero, ¿ cual es la alternativa ?. El Gobierno publicó en abril de 2016, un documento oficial denominado “El Estado del Estado” que promovía reformas contenidas en el proyecto a ser debatido en el próximo período parlamentario. La iniciativa promueve una descentralización de la negociación por empresa, que impone discutir productividad y competitividad. Los sindicatos, advertidos, se aprestan a fortalecer las fuentes de sus poderes esenciales. La reforma afecta un esquema sindical que en el último tiempo ha dado muestras de graves fallas de representatividad y corrupción. Cabe reconocer que el poder real se conserva en el nivel que se negocia. Tage Erlander, líder socialdemócrata sueco, decía que el mercado es un sirviente útil, pero un amo intolerable. La decisiva defensa del modelo,  pasa de ser una cuestión teórica a constituirse en la praxis cotidiana, motivo de análisis pero también de batallas callejeras. Es necesario fortalecer  las modalidades de capital físico, tecnológico y humano, en especial el basado en las habilidades que  generadoras de productividad y competitividad internacional, pero de forma más duradera y menos costosa socialmente. Esa es la principal condición para que las economías crezcan más y mejor. Para esto, es preciso crear no solo más empleo, sino también mejores empleos. No debe demorarse la necesidad a mediano y largo plazo de un cambio de modelo laboral en el que la educación y la innovación desempeñen un papel más destacado, de forma que el empleo, los salarios, la productividad y el bienestar puedan aumentar de manera sostenible.
Los jerarcas sindicales a perpetuidad, formados en el ejercicio constante del autoritarismo, representan una amenaza para una sociedad que busca en la democracia, tales objetivos. Anquilosados desde hace décadas en prácticas absolutistas y reelecciones, son muchos -por desgracia, demasiados- los dirigentes sindicales que han convertido las secretarías generales que ocupan en monarquías absolutas y, a veces, hasta hereditarias. Esta aberración constituye uno de los peores vicios del sindicalismo  y sus consecuencias nefastas amenazan el futuro de la clase trabajadora, categoría que en el imaginario social parece destinada a extinguirse acorralada por gremialistas de esmoquin, con autos de lujo, chacras opulentas, cuentas en Suiza, y que no dudan en apelar a la violencia a la hora de dirimir diferencias, junto a empresarios acostumbrados a negociar con estos mafiosos de arrabales abyectos, que han adoptados sus mismos modos. Por el enorme caudal de dinero que manejan y los millonarios subsidios que reciben en materia de medicamentos y tratamientos, las obras sociales son consideradas auténticas cajas promotoras de todo tipo de negocios para los gremialistas encumbrados.
Es cierto que varios años en la dirección de un sindicato otorgan a quien lo ejerce un poder desproporcionado. Pero lo grave es que, pese al paso de las décadas, las nuevas camadas de dirigentes, tal vez por la acumulación de años en el ejercicio de un poder absoluto, sin democracia interna, ni opositores ni contralores, haya llevado a los nuevos dirigentes a considerar que su poder debe trascender el ámbito sindical y que, para ello, pueden emplear los mismos métodos que los han eternizado en sus sindicatos.Pero no son alternativa el estilo rústico de Pablo Moyano, ni el farandulero de su hermano Facundo o Víctor Santa María. Tampoco el el prófugo Sebastián Romero, ex candidato del PO cuya única actividad fabril conocida es un estrafalario mortero. Menos los colaboracionistas del kirchnerismo, Yasky, Micheli y compañía. Quienes se han formado en el ejercicio constante del autoritarismo y el nepotismo representan una amenaza para una sociedad que trabajosamente,  procura afianzar sus instituciones y prácticas democráticas. Hay que volver al overol con reglas claras, donde la dignidad del trabajo no sea moneda de cambio entre tahúres que juegan sus cartas en la burocracia de un Estado cómplice.(www.caraycecaonline.com.ar)