Corrupcion K

El primer naipe caído de un castillo que parecía intocable

Coloreada por personajes como Elaskar y Fariña, la millonaria maniobra de lavado detonó el relato oficialista y abrió el camino a decenas de escándalos.

Buenos Aires, 30 de octubre.(caraycecaonline) La investigación era impecable, y tenía todos los ingredientes de una receta magistral: personajes famosos, jóvenes millonarios, empresarios amigos del poder, firmas fantasma y bolsos de dinero “físico” que era más fácil pesar que contar, entreverados en una orgía de corrupción e impunidad. Lo asombroso fue que, antes de aquel tibio domingo de marzo de 2013 en que Jorge Lanata presentó “la ruta del dinero K”, había habido decenas de casos tanto o más impresionantes, y sin dudas, mucho más dolosos para el Estado. Veamos  varios de los hechos registrados en las páginas de los cuadernos del chofer Centeno que se ventilaron este año ya habían sido denunciados aún antes del affaire Lázaro Báez.

¿Qué pasó entonces? Aquella receta perfecta se sirvió ante una sociedad súbitamente hambrienta. La misma que dos años antes había votado a Cristina Kirchner hasta consagrar su reelección con el 54% de los votos, y que había tomado su temible “vamos por todo” casi como un chiste escolar, ahora abría los ojos a la cruda verdad de un gobierno vertebrado desde la cima para facilitar y concretar negociados multimillonarios en cada rincón de la administración pública. El drenaje de dinero era tan formidable y continuo, que el problema consistía en derivar esos fondos a alguna inversión, sacarlos del país o guardarlos en algún sitio seguro. Cinco años más tarde, los argentinos conocemos muchos más capítulos de aquella historia.

El inmediato -e imprudente- esfuerzo del gobierno por segar el escándalo mostró el efecto devastador que el programa había tenido sobre la repentinamente frágil coraza protectora del kirchnerismo. Repasemos: en programas y canales “amigos”, los jóvenes financistas Federico Elaskar y Leonardo Fariña desfilaron negando lo que ellos mismos habían afirmado ante el equipo de Lanata: “querían ficción, les di ficción”, fue la inolvidable fórmula de Fariña para zanjar la cuestión en aquel momento. 

Pero lo más grave ocurrió en el sombrío edificio de la avenida Comodoro Py: con la velocidad de un rayo, los dos titulares de la fiscalía antilavado y hombres de confianza de la ex procuradora Alejandra Gils Carbó se metieron por la ventana para formular una denuncia que ni siquiera llegaba hasta Báez, el inevitable responsable de haber contratado a Fariña y de haber supuestamente empujado a la noche a Elaskar para quedarse con la ahora famosa financiera SGI, la “Rosadita”. Carlos Gonella y Omar Orsi hoy están procesados por aquel intento.

Tampoco hubo un gran entusiasmo en el juzgado de Sebastián Casanello por impulsar la investigación. Hombre vinculado a La Cámpora a través del entonces secretario de Justicia Julián Alvarez, Casanello durmió la pelota y entregó el caso a uno de sus colaboradores abiertamente simpatizante de la agrupación juvenil K: Sebastián “Laucha” Bringas. El guiso se completó con preguntas a organismos públicos que por supuesto nadie respondía, y exhortos a Suiza y otros países notoriamente mal formulados, tal como quedó en evidencia años después.

El derrumbe de Cristina en la consideración pública y la multiplicación de casos de corrupción en su entorno amenazaban la molicie en que flotaba el expediente de “la ruta del dinero K”. Su salida del poder aceleró la cascada, pues detrás de aquel primer naipe que Lanata había empujado en 2013 otros tantos habían caído de un castillo ahora desnudo. El relato kirchnerista ya lucía como un colador cuando recibió otro golpe fatal: en marzo de 2015, un video mostraba al hijo de Báez y varios de los colaboradores del empresario contando cinco millones de dólares al contado entre habanos y whiskys, en las oficinas de la Rosadita. Jaque mate.

Hasta el puntilloso juez Casanello se valió entonces de una excusa menor para detener a Lázaro en el aeropuerto de San Fernando, tras un vuelo privado desde Río Gallegos. Aún sigue bajo prisión preventiva, al igual que su abogado Jorge Chueco y su contador Daniel Pérez Gadin. La guadaña no alcanzó, sin embargo, a los hijos de Báez, pese a que firmaron decenas de papeles y se probó que intentaron esconder dinero en el exterior. Raro.

Un párrafo aparte merece otro personaje central de la historia; el arrepentido Leonardo Fariña, cuyos testimonios como colaborador fueron escrupulosamente confirmados por la investigación, y que aportó datos muy valiosos sobre el funcionamiento del “club de la obra pública” dos años antes de que estallara el caso de los cuadernos. Esos datos durmieron y siguen durmiendo en el expediente.

Cargado de simbolismos, este martes comenzó el juicio oral por “la ruta del dinero K”. Aunque ahora solo se juzgue un primer tramo: la insistencia de la Cámara Federal porteña obligó al juez a incorporar a Cristina Kirchner en la maniobra, aunque esa parte avanzará más adelante. La película no terminó: las audiencias pueden traer unas cuantas sorpresas.(www.caraycecaonline.com.ar)