Editoriales La semana política

Vencer y convencer

Lalarga marcha derespaldo al Goberno

Se escucha como una verdad revelada que el proyecto de la coalición que encabeza Macri, no es para los pobres.  En realidad no es para los pobres de espítiru, para los pobres de imaginación, ni para los pobres encadenados a la corrupción, el  latrocinio y la decadencia. (Por Jorge Augusto Avila)

Buenos Aires. 26 de octubre.( caraycecaonline) La víspera del comicio comienza a dar las primeras señales, ya antes de que se abran los sitios de votación. No coincido con aquellos que remarcan un enfrentamiento de proyectos  más enconado desde el 83. En aquel entonces supimos elegir entre democracia y dogmatismo, república o subordinación popular, nueva era o continuismo. Habiamos aprendimos del pasado. La sangre estaba fresca. Se abrió una etapa histórica que, con errores y aciertos, fue construyendo una sociedad que aún busca mejorar su estilo de vida, refirmar objetivos de bienestar común, desterrar la corrupción y consagrar modelos de progreso que releguen  los patrones de miserabilidad actual. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, y nosotros también. Se escucha como una verdad revelada que el proyecto de la coalición que encabeza Macri, no es para los pobres.  En realidad no es para los pobres de espítiru, para los pobres de imaginación, ni para los pobres encadenados a la corrupción, el  latrocinio y la decadencia. Sólo en cuatro años se ha construido una verdadera alternativa nacional, que mucho más allá de las circunstancias electorales, muestra un perfil de renovación para quienes crecieron sumidos en las trampas, los trucos y las falsedades de gobiernos autocraticos. Desde el menemismo hasta su etapa superior, el kirchnerismo. Con un bache aliancista que no estuvo exento de complicidades con actores previos y futuros. Luego de 36 años de vida democrática, quedan deudas internas que no no fueron saldadas. Lo podemos ver en los estallidos de paises vecinos, fogoneados por los fanáticos aprovechadores de las circunstancias. Pero el camino de los progresos nacionales, corre parejo con el respeto institucional, el coraje cívico de aceptar las diferencias y la solidaridad de sumar esfuerzos. La coalición encabezada por el macrismo, ha demostrado que es posible hacerlo en su gestión y recibió el respaldo popular en dos ocasiones, en las urnas. Ante el asombro de quienes, en cicunstancias difíciles a nivel nacionale y externo, jugaban como suelen hacerlo, para intereses foráneos. Hablamos del kirchnerismo, que hoy presenta un «Guasón» en tanto fracasado antisocial e inescrupuloso, como cantidato títere, mientras la jefa de la banda, se esconde en busca de impunidad para extender su insaciable ambición de poder. La fórmula de los Fernández, es Cristina y su reguero de crímenes que jalonaron su paso por el poder y ahogaron a la nación en un atolladero degradante de compromisos incumplibles. Dejemos ya las recriminaciones, los lamentos y presagios sobre las acciones de quienes la sucedieron. El escenario es otro, porque hubo una voluntad común de conseguirlo. Las penurias económicas son siempre pasajeras, en nuestro país y el mundo. Pero la traición a los ideales, el abandono de los valores como sociedad e individuos, y la búsqueda de prevalencias autoritarias que i llevan a la desigualdad, son un camino sin retorno. Hoy es el kirchnerismo, el partido del «status quo», de las corporaciones y los retrógados. Cuando el gran Miguel de Unamuno, al ser desplazado de su cátedra en Salamanca, dijo a los militares golpistas «Vencereis, porque tienen la fuerza bruta, pero no convenceris por que carecen de ideales e inteligencia para perusadir y lograr la aceptación de las mayorías», prefiguraba escenarios como el de estas circunstancias. Es necesaria, no solo la victoria, sino convecernos definitivamente de recorrer juntos un camino de esfuerzo, dignidad y superación, ya que solo asi saldremos del fango donde nos pretenden arrojar los eternos verdugos de la Patria, encarnados esta vez por un Fantoche, su sádica impostora como «musa» y la comparsa «camporista», junto a los aprovechadores de siempre.(www.caraycecaonline.com.ar)