Editoriales Política

La fábula de la morsa y la ballena

El clima general y el humor social, presagian una tormenta de magnitud, cualquiera sea el resultado electoral.(por Jorge Avila)

Buenos Aires, 8 de agosto.(caraycecaonline) Desde el domingo pasado, el clima de las campañas políticas para las primarias nacionales de mañana, adquirieron el turbio tono gangsteril de etapas que se creían superadas, donde factores vinculados a la violencia se adueñaron de la atención de la sociedad en vísperas de comicios que, como nunca antes desde la implementación de las PASO   en 2009 y aplicadas en 2011, resultan tan claramente divisiorias de aguas en  cuanto a proyectos nacionales.
No se trata sólo de las denuncias que nvolucran al precandidato bonaerense  Aníbal Fernández en el tráfico de efedrina, ni la reaparición del vicepresidente procesado Amado Boudou para ratificar su apoyo al precandidato presidencial Daniel Scioli como una suerte de amenaza sobre las derivaciones de su situación judicial. Ni siquiera la militarización de Río Gallegos, capital del feudo kirchnerista, llena de gendarmes, prefectos y policìas por la protesta de los trabajadores municipales que no cobran sus sueldos ni lo acordado en paritarias, y ya costó la renuncia a la intendencia del tío de Lázaro Báez, Raúl Cantín..
Es el clima general y el humor social, que resultan agraviados y reflejan el malestar de un amplio espectro de la población acerca del proceso electoral en marcha, y la transición hacia un nuevo gobierno lo que presagia una tormenta de magnitud, cualquiera sea el resultado electoral.
Resulta notorio que ni Cristina Fernández de Kirchrner, ni sus amanuenses están dispuestos a retirarse del poder e insisten en incidir sobre las variables existentes de sucesión para evitar el peregrinaje por los tribunales, que inevitablemente debería suceder, ante la gravedad institucional y magnitud de las acciones criminosas que han dominado los dos mandatos presidenciales de la viuda del prestamista santacruceño. Resultaría agotador, por lo extenso, enumerar las causas que van desde el latrocinio del Estado via enriquecimiento ilícito, hasta los compromisos internacionales a través de los manejos de la deuda externa y el acuerdo con Irán para evitar el esclarecimiento del atentado a la AMIA, el desmantelamiento del aparato productivo del país, al margen de las trapisondas como «Sueños Compartidos» y el «Proyecto X» de espionaje interno que derivó en la nueva «doctrina de inteligencia nacional», entre tantos  otros. Como si fuera una fábula, se intentan presentar los supuestos logros que existen solo en el «relato» como parte de un estudiado plan de acción de sectores políticos dispuestos al engrandecimiento nacional.
La realidad es clara al respecto. El país se apresta a afrontar una nueva etapa de crispación, con una economía a la deriva, políticamente fracturado y socialmente inmerso en el narcotráfico y la violencia. Es tiempo de decir que desde el poder se fomento la instalación de los carteles narcos en el país, asociados a las fuerzas armadas y de seguridad, que la corrupción se encuentra al amparo de un poder judicial incapaz de enfrentar las nuevas amenazas, y envuelto en el soliloquio académico renuente a garantizar los derechos ciudadanos, y el Congreso es solo un escaparate insolvente para ejercer la legítima defensa de la Constitución Nacional.
Esa es la verdadera herencia del kirchnerismo, y solo puede anticipar nuevos episodios donde un jefe de Gabinete apodado «la morsa» aspire a dirimir internas apoyado en «barras bravas» y ejércitos oscuros, amparado por los hijos dilectos del poder, «La Cámpora» de Máximo Kirchner, Wado de Pedro, Axel Kicillof y Andrés Larroque, entre otros, todos integrantes de las listas del Frente para la Victoria.
La ciudad de Buenos Aires dio un indicio de la reacción popular, en las recientes elecciones porteñas donde el camporista Mariano Recalde ni siquiera llegó al balotaje. Ahora es el turno de la Nación. Las opciones de los frentes Cambiemos (con Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió), UNA (Sergio Massa y José Manuel De la Sota) y Progresistas (Margarita Stolbizer), además de otros sectores, pueden indicar un nuevo camino. Para muchos, se trata de una alternativa cuasi tautológica. Un nuevo tiempo es posible. No se trata de girar en círculos como la ballena perdída que sorprendió a los porteños esta semana en Puerto Madero. Hay que buscar el mar adentro de los compromisos históricos de nuestra Patria tantas veces traicionados, el viento puro de la justicia y la solidaridad social, y simplemente navegar hacia el respeto de la soberanía popular. (www.carayceconline.com.ar)