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El sueño americano

Un trío mentado de la corrupción K

Acostumbrados a la impunidad, comienza el desfile por cárceles y tribunales de los encargados de mantener vigente el mecanismo de mentiras que infectó a la sociedad desde prácticamente el comienzo del siglo. (por Jorge Avila)

 

Buenos Aires, 20 de febrero.(caraycecaonline) El  verano  nos recibe tras el paréntesis de nuestra columna semanal, con un ciclo en progreso, donde la nueva administración encabezada por el presidente Mauricio Macri afronta los primeros desafíos coyunturales, en busca de superar una de las etapas mas nefastas del país, concluida el 10 de diciembre pasado.

La acumulación y gravedad de los problemas surgidos tras doce años de gestión kirchnerista comienzan a manifestarse en toda su gravedad a medida que se van descubriendo los datos y enjuagues que aún en retirada, buscan escabullir los hijos ahìtos de la «década ganada». Acostumbrados a la impunidad, comienza el desfile por cárceles y tribunales de los encargados de mantener vigente el mecanismo de mentiras que infectó a la sociedad desde prácticamente el comienzo del siglo. La tarea psicológica de los referentes del camporismo, hace mella en la sangre jóven especialmente, que creció al amparo del fraude y la distorsión, y creen que Milagro Sala, Amado Boudou, Aníbal Fernández y Cristina Kirchner, entre otros, fueron  «próceres» de un proyecto nacional y popular que en realidad solo tuvo como objetivo el de enriquecerse personalmente. Mas allá de la situación procesal de cada uno, ¿ por que obstaculizar a la justicia en su labor de investigarlos ?. Es mucho lo que tienen que explicar para dar cuenta de sus procederes.

Esto no implica que todo el accionar del nuevo gobierno sea impoluto. Se juegan también en este caso la oportunidad de las prioridades en una agenda cargada de responsabilidades. El sinceramiento de la economía arroja como primera referencia, luego de dos meses de ejercicio del poder, al menos dos conclusiones. La necesidad de emprender un cambio copernicano escaso en términos de tiempo, debería corresponderse con una adecuada estrategia comunicacional, que hasta ahora parece escasa. Los ajustes, tanto tarifarios como macroeconómicos necesitan un ejercicio de empatía con la sociedad que parece ausente en algunos de los ministros a cargo de los mismos. Los cambios en las políticas monetaria, fiscal y distributiva, generan cimbronazos  cotidianos que deben ser atendidos con mayor cuidado por los responsables de cada área.

En segundo lugar, resulta preciso que la agenda pública comience a ser debatida sin cortapisas. Las notorias reticencias de los sectores concentrados de poder tanto financieros como productivos, son funcionales a la estrategia de confrontación de los remanentes del régimen kirchnerista, que no en vano los sedujo durante tanto tiempo con prebendas y beneficios.

Por eso, es correcto atacar la corrupción y el desmanejo de los asuntos públicos como instancia clave para superar una instancia crítica, máxime cuando aún resta definir el alcance de las negociaciones paritarias en ciernes. Pero debe exigirse el máximo profesionalismo en el manejo de esta cuestión, y no abandonarse al voluntarismo o las falacias de los burócratas de turno. Los agoreros y tremendistas están muy activos en estos días de epílogo estival.

El problema de escribir los viernes es que se llega tarde a los polvos de la semana. Decía Marshall McLuhan en su aforismo más repetido que la indignación moral es la excusa de los idiotas para parecer dignos. No da tiempo siquiera a ser un imbécil cabal. Esta semana ha tocado, y no necesariamente por este orden, recorrer el minimalismo camporista con renovadas concentraciones piqueteras, descubrir millonarias «cunitas» de cartón y retornar al clarosucuro de la impotencia por los crujidos del país desamparado.

Sin duda, la percepción de los nuevos tiempos permite apreciar mejor en la distancia, la posibilidad de redención de un nuevo sueño americano, como lo expresó nuestro primer visitante europeo, el premier italiano Matteo Renzi. El martes próximo será el turno del francés Francois Hollànde, y un mes después Barack Obama. Parece oportuno preguntarse que atrae ahora en nuestro país, a los representantes de un mundo que con acechanzas y disensos, ya se proyecta más allá del siglo XXI.

Cuando Stéphane Hessel escribió su panfleto vergonzante Indignaos dio en el clavo. Él quería iniciar una revolución contra el sistema y lo único que hizo fue describirlo. Hoy lo único que nos importa es ofendernos por todo, salvo por lo que importa. La indignación, lejos de ser una forma de rebelarse contra la injusticia,  acabó por  anestesiar la conciencia. No hay más espacio para la dignidad de los idiotas. Es tiempo de construír un horizonte de esperanza.(www.caraycecaonline.com.ar)